Después de un vuelo transatlántico un poco movido, donde además tampoco pude dormir bien, hemos llegado a nuestro primer destino europeo, el cual es únicamente nuestro puerto de entrada desde América.

El vuelo Bogotá – Barcelona transcurrió sin problemas. Un amigo que trabaja en Avianca en El Salvador nos ayudó a conseguir asientos en fila de emergencia en el transatlántico, con lo cual tuvimos asegurado mucho espacio para nuestras piernas en clase económica, pero no contábamos con que no se puede levantar lo que separa los asientos, así que eso resultó incómodo para dormir bien.

El servicio transatlántico de Avianca deja mucho que desear, para ser transatlántico. Prácticamente sirven lo mismo que en sus vuelos cortos, sus sobrecargos no son realmente amables y la comida es definitivamente una experiencia olvidable. El entretenimiento a bordo es muy bueno y los aviones son nuevos, pero el resto de la experiencia uno quiere que termine rápido.

Después de 10 horas de vuelo entre Bogotá y el Aeropuerto El Prat, hemos llegado a Barcelona al filo de las 3:00PM del día lunes 20JUN. Migración estuvo suave y tranquila, posiblemente porque vieron que íbamos a muchos más lugares, aunque no nos pidieron ni vouchers ni nada para demostrar nuestra estadía. Por supuesto habíamos elegido viajar con un saco formal y jeans, pero en las diversas migraciones, así como lo vean a uno así lo interrogan.

Habíamos contratado un servicio pre-pagado de traslado compartido entre el aeropuerto y nuestro hotel, pero al salir de Aduanas, cuando nos dijeron que teníamos una hora de espera, pues decidimos perder esos 20 pesos y contratar un taxi. Ahí nos dimos cuenta que por 25 Euros podíamos estar en el centro de Barcelona y sin esperar tanto por el transporte público. Eso sí, el Metro está en huelga en las horas pico, así que taxi era la mejor opción.

Nuestro Hotel, TWO Barcelona, queda en el Barrio del Eixample muy cerca de Plaza Espanya y con una estación de Metro en la esquina.

Aparte tengo que confesar que soy sumamente citadino. Decidí ir al supermercado cercano al hotel a comprar agua y terminé comprando botellitas de vino, un paquete de jamones de 2 Euros y un bagette. Por 6 Euros almorzamos dos personas. Quien le tiene miedo a los precios europeos se los olvida que vivimos en un país caro, así que al llegar acá siempre siento todo muy barato. Además tampoco podía quitarme la sonrisa de estúpido del rostro, pues al caminar las calles de una gran ciudad me daba una enorme sensación de júbilo.

Después de descansar y refrescarnos, compramos un carnet de 10 viajes del Metro y nos fuimos a la Casa Millá en Paseo de Gracia, donde habíamos pre-reservado entradas para ver una de las impresionantes obras de Gaudí. Vale la pena, sobre todo por las terrazas y la vista de la ciudad desde el techo.

Casi a la par, sobre Paseo de Gracia, encontramos el hotel Royal Paseo de Gracia, que cuenta con una terraza bar en el último piso, donde tomamos unos vinos viendo el atardecer. Relación precio-calidad, lo sentí mucho más barato que cualquier bar fufo en San Salvador, ya que allá no tienen la impresionante vista de Barcelona!

Terminamos nuestra noche cenando tapas en la Cervecería Catalana, que aunque fue una hora de espera (y no aceptan reservas) es uno de los lugares de mejor calidad en la ciudad. Nos tomamos unas cervezas catalanas Almogar Classic que estaban riquísimas, así como una orden de tapas que incluía pan tumaca con fuet, queso manchego queso, montaditos y una tortilla de patatas. Lo mismo en El Salvador nos hubiera salido en 50 dólares y en porciones pequeñas. Acá pagamos muchísimo menos y con productos de excelente calidad.

Nos costó dormir. Tres noches son dormir (la previa al viaje, la del avión y la del jetlag), pero es mejor pasear y caminar estas maravillosas calles que estar durmiendo, aunque si hemos pasado ciertas horas en el hotel descansando cuando se puede.

En resumen del primer día… Viajar a las grandes ciudades europeas puede ser más barato de lo que realmente nos imaginamos.