Tengo que hacer una confesión y una declaración: soy un foodie!

Para quien no está familiarizado con el término en inglés, se refiere a las personas que tenemos una gran debilidad por probar comida nueva y bebidas nuevas. En mi propio El Salvador tengo debilidad por probar lugares nuevos y comida que nunca he probado. Me gusta comprar ingredientes en el supermercado y experimentar. Esto explica porqué por más ejercicio de cross fit que hago, estoy muy definido de todo el cuerpo, menos del salvavidas alrededor del estómago. Me gusta demasiado la comida!

Entonces no va a ser sorpresa que cuando salgo de viaje, parte fundamental de cada viaje que hago es probar comida local o probar lugares que tengan algo en el menú que no se pueda conseguir en El Salvador!

Obviamente, en París se comen crepas en la calle. Esa una de las especialidades que hay que aprovechar! El carrito de crepas dulces y saladas frente a la Plaza de la Concordia es una parada obligada o comprarlas en la Plaza de los Artistas en MontMartre para llevar. A lo que me refiero con el título es que hay todo un mundo gastronómico que experimentar cuando uno anda de viaje que es una pena cerrarse de mente y no probar cosas nuevas.

Tuve una reunión una vez con una cliente que quería pasar de vacaciones en París y cuando le mencioné que una de las cosas más ricas para comer en la calle eran las crepas, ella se escandalizó y me dijo que a ella no le gustaba andar probando cosas nuevas y que prefería ir a un McDonalds a almorzar una hamburguesa! Ahí yo me escandalicé. No lo decía por un tema de presupuesto. No era una jovencita con presupuesto limitado estilo back-packer sino que una señora en sus 50s que sencillamente no estaba dispuesta a experimentar con la comida.

El salvadoreño típico no le gusta probar comida nueva. Eso se ve reflejado en la variedad de restaurantes y sus menús. En mi país los restaurantes parecen copy and paste uno del otro. A los restauranteros no les gusta poner cosas nuevas y diferentes en sus menús porque sienten que los comensales no les consumimos cosas que se salgan de lo acostumbrado. Así que tenemos un mercado inundado de ceviches, tacos y pastas muy parecidas de un restaurante a otro.

Acá es donde viajar nos abre todo un mundo de oportunidades gastronómicas. Las grandes ciudades cuentan con una oferta tan variada de comida de todas partes del mundo que podríamos pasar explorando restaurantes durante toda una eternidad. Además, explorar mercados locales es siempre un placer, sobre todo el área de comidas ya hechas, donde podemos probar ingredientes locales a precios accesibles.

Y como soy de clichés, al viajar, me gusta ver íconos y probar clichés. Recuerdo que un conocido me criticó en mi anterior viaje a Londres porque había ido a un pub a pedir fish and chips. Más típico que eso no se puede comer en Londres… Pero si en mi país no hacen fish and chips como los hacen en Londres, porqué me voy a privar de la oportunidad de probar un platillo local como lo hacen los locales?

Siempre está lo obvio… Crepas en París, ceviches en Perú, tacos en México, ensalada griega en Grecia… ¿pero qué hay de ir más allá? Si estamos en París, uno de los lugares del mundo con mucha técnica y cultura gastronómica, ¿porqué no ir a un restaurante típico francés y pedir una orden de escargots (caracoles en su concha). Uno cree que puede ser caro. Pero son productos locales. 8 Euros por una orden de 6 Escargots jamás lo tendríamos en El Salvador. Tampoco podemos saber si nos van a gustar o no si no los probamos. Y puedo seguir con la lista: entrecote de ternera con papas fritas, pato a la naranja o hasta el mismísimo ratatouille.

Pero también podríamos entrar a restaurantes libaneses, marroquíes, húngaros, japoneses, indios y muchos lugares étnicos más, o a restaurantes con tendencias de vanguardia para ver lo que están experimentando los chefs de alta cocina.

Lo malo de esto es que cuando uno regresa a El Salvador, ya nada sabe igual. No contamos con los mismos ingredientes, así que los resultados nunca pueden ser iguales. Recuerdo que al regresar de la isla de Capri, donde la comida napolitana es impresionante con ingredientes frescos (ellos hacen la pasta, las verduras las cultivan en el jardín y los mariscos son la pesca del día), regresé a la Dolce Vitta en el Puerto de La Libertad y jamás lo volví a ver con los mismos ojos. Mi paladar se había mal acostumbrado a los ingredientes frescos.

Es por eso que debemos probar las berenjenas locales, la albahaca fresca, el salmón ahumado, los crustáceos locales, los tomates y las papas. ¿Qué mejor lugar que ir al mercado local para sentir los aromas, palpar los ingredientes y degustar comida nueva?

Como buen foodie, parte fundamental de mis viajes es probar comida nueva y buscar restaurantes emblemáticos.

Este viaje a Europa que se me acerca no es la excepción. He pasado meses buscando y planificando lugares donde comer y viendo menús de restaurantes. En París he buscado bistrots de gastronomía francesa a buenos precios y también un restaurante emblemático como Le Trein Bleu en Gare de l’Est para sentir la sensación que la Belle Epoque le daba a los comensales de la Ciudad Luz. Quiero explorar uno de los famosos pasajes techados de París para buscar comida local.

En Rusia, tenemos que degustar caviar y vodka, aunque no creo que vaya a hacer una degustación de 100 Euros, pero por lo menos debo probar platillos a precios accesibles que incluyan algo con caviar! Eso si, hemos reservado en el restaurante White Rabbit en Moscú. El #23 a nivel mundial de la lista de San Pellegrino. Es comida rusa con toques modernos por el chef Vladimir Mukihn. Él ha rescatado recetas perdidas de la cocina tradicional rusa, que se perdió durante la época socialista y las ha actualizado y llevado a otro nivel. Además que el restaurante es de ensueño.

Otro restaurante a visitar es Turandot. Un pequeño palacete con impresionantes arañas de cristal y decoración de época. La comida es Oriental, dim sum y similares, pero solo ver ese palacete vale la pena el esfuerzo.

También estoy muy a la expectativa de probar comida georgiana. He encontrado un par de restaurantes de Georgia que quiero incorporar en mi recorrido, y por supuesto un restaurante cuya especialidad es la carne stroganoff. Hay un restaurante del chef James Olivier que quiero visitar en San Petersburgo. Lo mejor de todo, pensarían que es carísimo, pero por lo menos al ver los menús en Rusia, me doy cuenta que es muchísimo más barato que los restaurantes de alto nivel que tenemos en El Salvador.

En Tallinn he encontrado una fonda medieval que tiene hasta oso, jabalí y alce en el menú. Quiero probar esos animales de caza. Iremos por el día a Helsinki y encontramos un restaurante cuya especialidad es el salmón ahumado… Ahí me da miedo. El salmón jamás me va a saber igual en mi país!

En Bruselas tengo que probar los mejillones, que es una de sus especialidades, así como los chocolates y los waffles! Y en cada ciudad que vaya quiero probar algo nuevo.  Conocer las ciudades me encanta! Pero probar la comida y cambiar nuestra percepción del mundo a través de ella es algo fundamental para poder comprender muchas cosas de la cultura local.

Posiblemente regresaré gordito del viaje y a darle al cross fit, pero vendré feliz de haber probado nuevamente gastronomías diversas de otras partes del mundo!

Les contaré luego mi percepción de la comida en todos esos lugares!