Por favor compartan este artículo si les parece interesante… Grecia tiene más de 6 mil islas en su territorio. Es un país en el cual la navegación es un arte milenario. Es por eso que uno de los tours más populares para hacer durante el día es un crucero que visita 3 de las islas griegas más cercanas a Atenas.

Si disponemos de poco tiempo para conocer islas más populares como Mykonos o Santorini, este crucero nos da una idea de cómo es la vida en las islas. El crucero sale todos los días (verano o invierno) desde el puerto de Pireus y visita las islas de Hydra, Poros y Aegina. Es un crucero del día. Zarpa a las 8:30AM y está de regreso a las 7:00PM. Permite tener una navegación relajada, disfrutar del mar y del sol y gozar un rato de cada una de las islas.

Yo tengo que confesar que en lo personal tenía fijación con este crucero. En el año 2010, había reservado este crucero para celebrar mi cumpleaños el día 02 de enero. Pasaron a buscarme muy temprano por la mañana y cuando íbamos en camino hacia el Puerto, el bus dio media vuelta y regreso a Atenas, comenzando a dejar a los clientes en sus hoteles. Cuando le preguntamos al conductor del bus qué era lo que pasaba, sencillamente comentó en inglés: “the sea is rough, cruise is cancelled”. Habían cancelado el crucero porque el mar estaba picado. Yo ya no tenía más días extras en Atenas, así que no podía cambiarlo de fecha. Así como el mar picado, desde entonces quedé yo picado.

Fue así, cuando comencé a organizar este nuevo viaje a Grecia, que una de las cosas que tenía claro que quería hacer era este crucero de las tres islas. Para mi era como un gran pendiente y así fue como lo terminé comprando a través de RINSA Tours El Salvador.

Nos confirmaron un día antes del crucero que iban a pasar a buscarnos al hotel a las 7:45AM y que el crucero zarpaba a las 8:30AM. Pasaron puntuales y aunque íbamos medio dormidos por la hora, logramos abordar sin incidentes y sin cancelaciones. Lo único malo fue que llegamos 5 minutos antes de zarpar, con lo cual se nos dificultó encontrar asientos en la sombra en las cubiertas exteriores. Había muchos asientos en las cubiertas superiores en el sol o en las interiores pero adentro, en el aire acondicionado.

El crucero de las 3 islas griegas

Para mi la idea de navegar es estar al aire libre, disfrutando de la brisa marina, pero tampoco me gusta asolearme, así que en todo lo lleno que estaba, agarramos dos sillas en el segundo nivel, bajo techo, en un lateral del barco. El crucero tenía muchas mesas donde había gente desayunando cuando nosotros llegamos. Sorprendente que la gran mayoría de los cruceristas eran griegos y sobre todo adultos mayores. Habían jóvenes y parejas dispersas. Ese fue por lo menos el grupo que nos tocó.

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Las sillas que conseguimos no eran las más cómodas en ubicación y la gente pasaba y se atravesaba por los pasillos casi encima de uno, pero teníamos el espacio que queríamos. El crucero zarpó y comenzamos a escuchar explicaciones de logística, seguridad y lo que íbamos a visitar en 6 idiomas diferentes. Georgia era la guía oficial en inglés y griego. Nos daba risa el nombre ya que si alguna vez han visto la película “My life in Ruins” con la actriz griega Mia Vardalos, sabrán que ella hacía el papel de una guía frustrada en Grecia cuyo nombre era Georgia. Muy buena película y sumamente recomendada para comprender un poco la cultura griega.

A nosotros nos tocó con Anny, la guía que hablaba en español (perfecto lo hablaba), francés, italiano, además de dominar el griego y el inglés. Explicaron que primero navegaríamos hasta la isla de Hydra, el punto más lejano de Atenas, para luego ir regresando hacia las islas más cercanas. Además explicaron que tenían información importante para los diversos idiomas y citaron a los hispano parlantes a un pequeño salón en la popa del barco.

Ahí conocimos a nuestros compañeros de viaje en español: una pareja de chilenos que habíamos visto la noche anterior en  el restaurante que habíamos cenado, una familia de guatemaltecos que nos dijeron “nuestros hermanos salvadoreños” (aunque ahí fuimos nosotros los ariscos) y otras nacionalidades que sinceramente no recuerdo.

Anny nos comenzó a explicar en español perfecto que en la isla de Hydra y en la isla de Aegina había tours que se podían contratar con ella. Había un combo para las dos islas de 35 Euros por persona, con lo que obteníamos un “walking tour” en Hydra que ella misma iba a dar y un paseo en bus hacia el templo ortodoxo más grande de Aegina, así como otros lugares de la isla. Para no perder tiempo en las islas tratando de entender qué hacer, mejor de un sólo la contratamos. Sacó su POS inalámbrico que usan por toda Europa e inmediatamente cargó nuestra tarjeta de crédito. Esos tours opcionales no estaban incluidos en el precio del crucero.

Regresamos entonces a cubierta, pero obviamente ya nos habían quitado una de las dos sillas que habíamos estado cuidando. Solo una de las dos sillas quedó disponible, así que el resto de la travesía la usamos por turnos, todo con tal de no asolearnos. Comenzó el espectáculo y un guitarrista con una cantante amenizaron con canciones griegas el resto del recorrido hasta Hydra.

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Primera parada: Hydra.

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Dos horas y media más tarde a nuestra salida estábamos llegando a la isla de Hydra. Se trata de una isla medieval de calles estrechas, algo montañosa, que aparte de los recolectores de basura y la ambulancia, no tiene carros. El transporte consiste en paseos en burro o en taxis acuáticos. Vimos como a algunas personas de un ferry les amarraban el equipaje al lomo de un burro para poder llevarlo a su hotel en las empedradas calles.

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Anny, nuestra guía políglota, agarró el control en ese momento y nos reunió justo a la salida del barco, donde compartiríamos el tour a pie con los otros latinos y con franceses. Escuchamos las historias en dos idiomas.

Comenzamos la caminata a la orilla del puerto, lleno de turistas, caminando entre cafés y burros para llegar a la iglesia de Theotokou que hace las veces de Catedral, Alcaldía y museo. Con todo y pantalones cortos pudimos finalmente entrar a ver los tesoros de una catedral ortodoxa y del museo. Íconos, arte religioso y reliquias de santos locales se abrieron a nuestro paso, y posteriormente nos llevaron a ver la farmacia más antigua de la isla que opera continuamente desde hace más de 100 años, para finalizar la caminata en una tienda de repostería y dulces locales, donde terminamos comprando baklava y otras delicias de la región. Nos tomamos fotografías en el puerto de Hydra y embarcamos de regreso. Eso si que fue rápido!

Ya en el barco, nos sirvieron el almuerzo buffet, que tenía pescado y pollo, aunque para ser francos, no fue la experiencia más gourmet que haya experimentado, aunque cumplió su cometido de aplacar el hambre antes de llegar a la próxima isla.

Segunda parada: Poros

A las 2:00PM estábamos llegando a nuestro segunda isla: Poros.

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Poros era la isla de Poseidón, dios del mar, aunque es más bien conocida por sus bosques de limoneros. La realidad es que no llegamos a la parte de la naturaleza. Teníamos solo una hora para explorar, así que nos dedicamos a caminar en la parte del puerto. Compramos sombreros, nos sentamos a tomar café en Porto Café viendo el animado puerto, caminamos por sus estrechas calles, nos comimos un helado y admiramos la arquitectura del pueblo. Este obviamente es un lugar para venir a pasar el día y no solamente un par de horas.

Embarcamos nuevamente y a las 3:00pm zarpamos hacia nuestro último destino del día.

Tercera Parada: Isla de Aegina.

También conocida como Egina, esta es la más grande de las tres islas visitadas. La infraestructura del puerto era también mucho más grande que las demás islas y se veía un poco más complicada de caminar. Por suerte habíamos contratado el tour en bus con el cual visitaríamos el templo de Afaya y el Monasterio de Agios Nektarios.

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Debo confesar que lo único que no me gusta de los tours organizados es la cantidad de gente y de idiomas en los que uno recibe los servicios. Era un bus grande y nos contaron todas las historias en griego, inglés, español, italiano y francés, una tras otra.

Aprendimos que Aegina es muy conocida por sus plantaciones de pistacho. De hecho venden bolsas de pistachos en casi todas las tiendas. Vimos las plantaciones camino hacia Agios Nektarios.

Una cosa curiosa es que la primera parada fue en el Monasterio de Agios Nektarios pero no era para visitarlo. Según comprendimos, este es un centro de peregrinación para la iglesia ortodoxa, así que cuando llegamos les pidieron a todos los griegos que se bajaran en la iglesia y que los demás continuáramos a bordo para seguir el recorrido.

Ya sin griegos, nos llevaron a ver el antiguo templo griego de Afaya, que conjuntamente con el Partenón y Cabo Sounión, completa un triángulo sagrado para los peregrinos de la Antigua Grecia. Interesante que sigue siendo la isla un lugar de peregrinaje.

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Vimos el templo por fuera únicamente. El calor era demasiado exagerado, así que nuevamente nos sentamos a degustar de un helado de pistacho, producción local, en lo que disfrutábamos las vistas del Golfo Sarónico. Es interesante que nadie visitó el templo. Posiblemente por ser muy similar al Partenón pero a escala muy pequeña o posiblemente por los 10 Euros adicionales que costaba la entrada o sencillamente por el calor insoportable que abría los apetitos por estar sentados a la sombra con un helado de pistacho en la tienda de souvenirs/café enfrente del sitio arqueológico.

Estuvimos ahí por media hora únicamente y nos subieron de nuevo al bus para ir nuevamente al Monasterio de Agios Nektarios.

Agios Nektarios es un santo ortodoxo muy reciente. Aparentemente es muy milagroso y es por eso que atrae muchos peregrinos para dar gracias por milagros otorgados. San Nectario de Aegina vivió de 1846 a 1920 y fue reconocido como santo por el Patriarca de Constantinopla en 1961. Aunque nació en Turquía, como falleció en Aegina y tuvo mucha labor en la iglesia ortodoxa griega en sus últimos años, es venerado en toda Grecia. Fue además obispo de Pentápolis en El Cairo, Egipto.

El Monasterio, construido por el propio Santo, quien fue también arzobispo del lugar ha pasado por una serie de remodelaciones y restauraciones recientes. Fue uno de los templos ortodoxos que pudimos visitar por dentro y donde además está la tumba de San Nectario. Fue una visita corta a la ornamentada iglesia, pero algo extraño sucedió a la salida.

¿Recuerdan que todos los griegos se bajaron del bus como primera parada del tour? Pues cuando íbamos de regreso al autobús para tomar el barco de nuevo, las señoras griegas grandes venían bajando la cuesta de la iglesia y tenían cara de pocos amigos. Se acercaron lentamente a nuestras amables guías y empezaron a gritarles a toda voz con todo lo que daba sus pulmones. No hablamos griego, pero por el tono de voz y la forma en que gesticulaban puedo comprender que estaban diciendo una serie de improperios. Quisiera haber entendido griego para saber que estaba pasando. Estaban histéricas! Todavía hemos llegado a puerto en el bus y las griegas seguían gritándole cosas a las guías, hasta que hubo un momento que las guías se cansaron y comenzaron a gritar de regreso a las turistas griegas. Eran como mujeres del mercado a punto de sacarse los ojos.

El camino de regreso.

El regreso hacia Atenas fue más rápido. Posiblemente una hora de camino. Pero el cansancio y el jet lag nos tenían quietos. Ubicamos una mesa interior en la sombra, con respaldo acolchado y a un costado de los músicos. Sabíamos que al final del trayecto iban a tocar más música griega. Y así fue. Nuevamente comenzaron las melodías como la famosa canción que baila Zorba el Griego al final de la película del mismo nombre. De hecho, la banda, con dos bailarines, invitó a gente del público para poder bailar y aprender a bailar este tipo de música. Muchas de las señoras griegas se levantaron y algunas aprendices también lo hicieron.

Pero acá tengo que mencionar de nuevo la película de Mia Vardalos “My Life in Ruins”. Hay una escena de dicha película, donde ella está hablando pestes acerca de la sociedad griega moderna, diciendo que nada funciona bien y que todo es un caos. La solución del griego moderno: Bailar. Lo traigo a colación ya que las mujeres griegas que se habían insultado a gritos con las guías, se levantaron y se pusieron a bailar. Es como que la guerra de Troya nunca hubiese existido. Turistas y guías se levantaron y bailaron como que nunca se hubiesen peleado. Lo gozaron de una forma impresionante. Esto es Grecia!

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Al final, los camareros que habían atendido el barco se unieron al baile e incentivaron a más personas a unirse en una línea interminable que tuvo su epílogo con la canción de la Macarena y concluyó de una forma muy bizarra con “El Taxi” de PitBull (los griegos medio tarareaban sin conocer el doble sentido de la canción). Fue un final diferente para un día diferente.

Llegamos al puerto y nuestros anfitriones se despidieron bailando, nosotros dando gracias a Dios por un excelente día de paseo por el Mar Mediterráneo!