Estamos ya a pocos días de que se termine el año 2017 y creo que es normal que todos nos pongamos a reflexionar acerca de lo que hicimos o dejamos de hacer, así como ponernos a filosofar qué podemos hacer mejor en esta nueva oportunidad que la vida nos da de entrar en un nuevo ciclo llamado 2018.

Viendo el 2017 en retrospectiva, ha sido un año de mucho trabajo, con altos y bajos como puede ser un año normal. Meses buenos. Meses menos buenos. Todos perseguimos nuestros proyectos y en algunos casos alcanzamos o superamos metas. En otros casos buscamos la razón de la vida y pensamos acerca de la inmortalidad del cangrejo.

En estos últimos días del año, nos ponemos sentimentales acerca del legado que estamos haciendo y si realmente estamos contribuyendo a la sociedad de alguna forma.

A título personal, a veces siento que mi trabajo puede parecer frívolo. Diseñar viajes de vacaciones y generar experiencias para algunas personas puede parecer superfluo. Para otras personas en cambio, puede significar la vida. Creo firmemente que nuestra sociedad mejora cada vez que alguien tiene exposición global en alguna nueva parte del mundo.

Por algún motivo, viajar expande nuestras mentes, nos ayuda a mejorar la tolerancia, nos permite comprender que somos solo una pequeña parte del planeta y que el sentimiento global de otras culturas únicamente nace al ver cómo viven y se desempeñan otras personas en diversos lugares del mundo. La tierra se ha hecho un lugar muy pequeño. Estamos conectados más que nunca, pero nada se compara a la experiencia de estar en un nuevo lugar e interactuar con la cultura local.

A veces siento que no he avanzado profesionalmente, pero luego veo todo lo que hemos hecho conjuntamente y me llena de orgullo. El 2017 para mí fue un año de estandarizar imagen en todos los puntos de venta: redes sociales, sitio web, correos electrónicos. Fue un año en aceptar que debía usar mi foto para darle cara al personaje que diseña viajes. Fue un año de llegar a 10 mil seguidores en Facebook, que para los grandes blogeros no es nada, pero para mí, como individuo, es un montón de gente. Fue un año de encontrarle el gusto a Instagram y usarlo a diario para compartir mi pasión por la fotografía de viajes. Fue un año de blogear, pero ha sido mini-blogging. Aun no me siento del todo satisfecho con el nivel de blogging que tengo. Además fue un año para seguir sueños. Ir a Rusia fue uno de ellos. Conocer los países bálticos fue como un dulce adicional. Fue un año en el que llegué a 60 países visitados. Además fue un año que un montón de gente en El Salvador comenzó a promover en sus agencias de viajes el concepto de “diseñamos su viaje personalizado” como influencia de lo que está pasando en el mundo.

Me siento sumamente honrado en poder hacer una diferencia en la industria de viajes en mi país. A veces me siento como navegando contra la corriente, tratando de vender un concepto que mucha gente no me lo entiende. Ha sido de poner orden en la casa para poder tener herramientas que lo expliquen mejor.

A veces también me quedo pensando cuando me preguntan “¿Dónde queda su oficina para llegarlo a visitar?, si realmente debería tener una oficina, luego me doy cuenta que trabajando desde mi casa soy sumamente productivo y que la inversión que le debo a mis seguidores y clientes no consta de una infraestructura física que se deba pagar mes a mes. La inversión que les debo como promesa de Diseñador de Viajes es conocer el mundo para poder ayudar y facilitar el proceso de hacer realidad esos sueños. En ese sentido, la inversión es ir y ver el mundo. Algunos dirán “que buena paja para andar paseando”, pero la verdad es que aunque muchos quieran imitar y emular el Taller de Diseño de Viajes, el único diferenciador y valor agregado es mi conocimiento de los lugares a nivel internacional.

Posiblemente mi sueño desde adolescente fue conocer Rusia. Mi sueño también fue regresar a París una vez más. Pero en medio de todo eso, he podido realizar el sueño de muchas otras personas este 2017. El sueño de una pareja de ir de Luna de Miel a Europa visitando Praga en medio de la nieve. O el sueño de una persona de orígenes italianos de ir a conocer el pueblo de sus ancestros cerca de Milán. O el sueño de quien cumplió 60 años y quería ir con su amiga y su hermana a conocer las islas griegas. O el sueño de la chica de 25 que siempre quiso conocer Japón.

Yo mismo me quedo impresionado del nivel de viajes que he planificado en este 2017. Desde visitar los Cliffs of Moher en Irlanda, hasta paseos en globo en la Capadoccia en Turquía. Veleros al atardecer en Santorini y visita a templos budistas en Sri Lanka. He organizado desde paseos para ver las Pirámides de Egipto, hasta paseos en lancha para ver aguas cristalinas en Phuket, Tailandia. Tengo clientes que han visitado el bar del Burj Al Arab en Dubái, otros que han visto el Kremlin en Moscú. Algunos subieron la Torre Eiffel, mientras que otros se deleitaron con regatear en los mercados de Marruecos. Tengo clientes que han tenido catas de vino en viñedos boutique en Chile, mientras que otros han bailado toda la noche en un crucero a las Bahamas. He enviado clientes a ver el show de robots en Tokyo, mientras que otros han subido en tren al Machu Picchu.

Lo que comenzó como un hobby o experimento ha sido algo sumamente importante para la vida de muchas personas en este 2017. De eso me siento muy orgulloso, pues no veo a mis clientes como ventas. Para mí, son historias que contar de sueños que he ayudado a hacer realidad.

Para el 2018, quisiera reinventar tantas cosas, pero creo que debemos comenzar con lo básico. Hay metas personales y metas espirituales.

Tenemos las típicas resoluciones de Año Nuevo: bajar de peso, ir al gimnasio, dejar de fumar, aprender otro idioma, comenzar la Maestría. Lo cual está bien, pero creo que hay cosas que a veces no tomamos en cuenta y que de verdad pueden hacer cambios más importantes en nuestras vidas. Comenzamos con perdonar a aquellas personas con las cuales nos hemos peleado por cualquier motivo, desde tonterías hasta pleitos más complejos. La mejor forma de estar en paz con nosotros mismos, es permitir que Dios actúe y que el amor prevalezca. Puede sonar cursi, pero al final no vale la pena estar molesto con alguien, pues esa molestia es interior. Es mejor comenzar el nuevo año en paz con todo lo que nos rodea.

Luego vienen resoluciones más complejas: visitar más a la familia en caso que estemos alejados. Dejar de criticar al prójimo. No propiciar ningún tipo de rencor. Dejar que los demás vivan sus vidas y hacer más interesantes las nuestras. Todos queremos mostrar vidas perfectas en redes sociales y lo cierto es que todos los seres humanos somos imperfectos. Todos tenemos virtudes y defectos. Lo mejor es sacar a la luz las virtudes y tratar de aplacar los defectos. ¿Difícil? Pues sí, pero es la única forma de que tengamos un mejor entorno, un mejor país, una mejor comunidad.

¿De qué nos sirve ir activamente a una iglesia si al salir estaremos criticando a otras personas por que no estamos de acuerdo con su forma de ver el mundo? Perdonar, dejar de criticar, asumir responsabilidades, saludar a los amigos y conocidos con alegría cuando los encontramos en vez de hacernos los locos, apoyar a los compañeros de trabajo, buscar como mejoramos cada día como personas, desarrollar el poder de la oración o la meditación, son cosas que nos harán mejores en el nuevo año.

Una vez hayamos hecho esas resoluciones, podremos determinar lo demás. Si queremos conocer nuevos países, debe ser porque queremos que nos aporte algo para aportar de regreso a nuestra sociedad, con conocimiento y actitudes. Ir a un lugar más allá del propósito de tomarnos una foto. Tomar lo mejor de cada cultura, comprender sus creencias espirituales y religiosas, ver lo mejor de cada comunidad y traerlo como ideas para las nuestras. Agarrar energías de esos lugares sagrados, comprender como nuestro viaje aporta algo a esas comunidades. Todo es parte de un mundo ultra conectado, y no hablo de tecnología. Hablo de como todos en este planeta estamos conectados de alguna forma y como nuestras acciones pueden crear un cambio.

En este 2018, yo quisiera visitar muchos lugares en el mundo: Chile, Tailandia, Singapur, Malasia, Indonesia, Camboya, Myanmar. Lo tendré que dejar en manos de Dios para que me guíe en el camino, y en el ínterin disfrutar en ayudar a otras personas a cumplir sus sueños.

Mis propósitos para el Año Nuevo es una combinación de muchas ideas, factores y sentimientos. Cada día de vida que Dios nos da es un regalo. Este 2 de enero, si Dios me lo permite, cumpliré 49. Espero poder tener un año que me prepare para el número 50.

Que Dios me los llene de bendiciones a todos para este 2018 y que todo lo que su corazón anhela se cumpla. Les deseo lo mejor para poder encontrar las mejores resoluciones en todos los planos para este Nuevo Año.

Muchas gracias a todos por el apoyo constante del 2017 y me tienen a la orden para el 2018!